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Cuando eliges a tus pares en la revisión por pares

La revisión por pares (“peer review” en inglés) es uno de los elementos que proporcionan mayor validez a las publicaciones científicas. Consiste en la evaluación de un manuscrito por parte de otros científicos, con base en un criterio justo y profesional, serenidad e interés científico. Los encargados de realizar la revisión son seleccionados por la editorial; sin embargo, frecuentemente los propios autores del manuscrito pueden recomendar, o incluso vetar, a alguien para semejante encargo. ¿Qué tan buena para la Ciencia es esta práctica? ¿Es común?

Calidad científica de las publicaciones: autor, editor y revisor

La revisión por pares, que también se conoce como “arbitraje”, es una práctica esencial en Ciencia, ya que es un mecanismo imprescindible para la evaluación crítica de un artículo, determinando/acreditando su originalidad y su rigor científico. En general, y tras el visto bueno de los editores, éstos “envían el artículo a revisión”: el manuscrito es, en este momento, enviado a científicos, normalmente de uno a tres, que se consideran expertos en la materia, y cuyas identidades permanecen, por regla general, en el anonimato. Estos revisores darán una opinión crítica sobre el artículo, y aconsejarán al editor la publicación del artículo o no, propondrán los experimentos que consideren necesarios para la confirmación de las hipótesis expuestas o manifestarán sus dudas sobre la misma. Por lo tanto, a la vista está que la función de los revisores no es  trivial; entonces, ¿cómo se escogen?

La selección de los revisores

Es importante aclarar que los editores son quienes tienen la última palabra acerca de a qué personas se encomendará la revisión. Sin embargo, y aunque pueda resultar sorprendente, en numerosas ocasiones los autores son consultados sobre sus preferencias a este respecto: se les permite sugerir nombres de otros científicos para que valoren sus trabajos. Por supuesto, se presupone profesionalidad para elegir a estos evaluadores… a pesar de que existe la fuerte tentación de escoger a alguien que sabemos que está a nuestro favor.

¿Por qué los autores pueden sugerir nombres para los revisores?

Existen varias razones por las que se permite dar  su opinión:

  • Los autores de un trabajo son los que mejor conocen su campo. Por lo tanto, en base a su investigación bibliográfica, sus referencias y contactos, los investigadores tienen más información sobre quiénes son los mayores referentes de cada materia. Y, además, resulta más fácil que los revisores acepten trabajos directamente relacionados con su área de especialización.
  • La selección de revisores requiere una inversión de tiempo muy grande para los editores, ya que, aunque cuentan con sus propias listas de expertos, hay especialidades que tienen muchos “subcampos”, y no cualquier experto sabe de todo.
  • Los revisores no son fáciles de encontrar. La “fatiga del revisor” es cada vez más frecuente; se trata de un fenómeno que se está dando en la actualidad y que se traduce en que cada vez los editores tienen que invitar a más revisores por revisión, ya que se vuelven más reacios a participar en estos procesos. No se sabe exactamente porqué ocurre esto, pero ya hay estudios al respecto. Una de las teorías es que realmente no hay un beneficio directo para el revisor; lo cual es, por otro lado, parte de la esencia del proceso.

¿A quién proponer?

Los autores suelen redactar una lista donde enumeran los candidatos a revisores: en esa lista suelen aparecer nombres de científicos versados en la temática del artículo y normalmente, aquellos que tengan cierta sintonía con las tesis planteadas en el manuscrito, lo que no quiere decir que necesariamente estén de acuerdo con lo que se defiende en el artículo.

No deben incluirse nombres demasiado cercanos a los autores. Incluso si esos nombres se incluyen y finalmente son seleccionados, los revisores deberán declinar la oferta dado que son conscientes de que su objetividad puede estar comprometida. En el caso de que, aún así, los revisores efectivamente revisen el artículo y los editores descubran esta relación a posteriori, puede haber problemas en un futuro. Es preferible para nuestro propio interés que no provoquemos situaciones incómodas.

¿Cuál es el papel del editor?

Al final y como ya expuse antes, es trabajo del editor seleccionar a los revisores. Desde el primer momento, es el editor quien decide qué hacer con el artículo, en todas las fases, desde que el manuscrito es enviado a la revista: si mandarlo a revisión o no, si permitir a los autores la proposición de nombres, qué hacer con los nombres proporcionados y finalmente, si aceptar o no el artículo con la evaluación de los revisores.

Asimismo, los autores pueden identificar a científicos que no quieran que revisen sus artículos. En ningún caso esto debería ser por temor a una crítica constructiva, sino que normalmente será por diferencias de base en los planteamientos y/o en enfrentamientos personales, que pueden derivar en críticas injustas. El editor también es libre de enviar o no el artículo a esos científicos “non gratos”, pero puesto que el autor ya le puso sobre aviso acerca de un potencial sesgo en la revisión, éste tendrá más información a la hora de valorarla y de decidir qué hacer.

Decisiones erróneas

Una mala selección de los revisores puede implicar que el artículo no se publique. Algunos autores tratan de proponer árbitros de su círculo de amistades, o que trabajen en su propio centro para obtener valoraciones positivas y revisiones poco exigentes. No debemos engañarnos: se trata de un fraude científico y, por lo tanto, debe ser evitado y denunciado cuando sea necesario.

Países emergentes vs. países desarrollados

En la actualidad están surgiendo muchas publicaciones nuevas, especialmente en Asia. Según este artículo de Nature, los científicos de los países emergentes están más dispuestos a colaborar como revisores que los colegas de otros países como Estados Unidos o países europeos. Además, al parecer esas evaluaciones son más cortas y menos exhaustivas que las de otros científicos de países desarrollados. Podemos consultar esta web para conocer los datos globales relativos a las revisiones, en la que se recopilan datos relativos a 2018.

¿Qué hacer cuando nos piden dar una lista?

Es altamente probable que nosotros mismos como investigadores nos veamos alguna vez forzados a sugerir los nombres potenciales revisores de nuestra preferencia. Ya hemos dicho que, éticamente, debemos considerar a alguien cuyo criterio esté demostrado en la comunidad científica en nuestra materia, y que pueda emitir un juicio justo, esto es, que no emita valoraciones sesgadas.

En este artículo podemos consultar recomendaciones para redactar nuestra lista de nombres, teniendo en cuenta la experiencia de los revisores y considerando todos los posibles conflictos de intereses.

Conclusiones

Hay que recordar que el objetivo de la revisión es dar más fuerza al trabajo. Y, aunque se trata de una práctica extendida, no todas las revistas científicas ofrecen esta posibilidad. Muchos profesionales del mundo editorial afirman que permitir esas sugerencias puede influir negativamente en el sistema, dado que puede generar sesgos que reduzcan la imparcialidad de los revisores, que actúan a modo de jueces.

Así pues, ¿es una práctica deseable? En cualquier caso, es evidente que el hecho de que un autor proponga a un científico para la revisión de su manuscrito no implica necesariamente que éste se convierta en revisor. Los editores pueden considerar esas sugerencias, pero en el fondo ellos son los que deben decidir ese punto, y sería irresponsable  colocar todo el potencial fraude derivado de este acto en los hombros de los autores únicamente. Al igual que se espera que el autor actúe conforme a la ética profesional a la hora de sugerir, se espera lo mismo tanto del editor como del revisor.

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